jueves, 13 de enero de 2011

Señoras que son surrealistas

Señora con bragas de leopardo surrealistas 


Hay un lugar mágico en la ciudad de las palmeras donde, los miércoles por la tarde, se puede disfrutar de películas gratis si eres estudiante o pensionista. Sí, hablo de ese lugar mágico llamado Filmoteca, donde puedes evadirte después de una larga jornada de clase con una buena película o una de esas birrias totales con las que te gustaría practicar el deporte de Cómo no abrir una puerta.
Es allí también donde se evaden las llamadas Señoras; con sus bolsos, sus chaquetas ajustadas a modo de batín, sus Oyoyoyoys, y sus competiciones verbales acerca de quién ingiere el mayor número de medicamentos para la tensión. Estas señoras que te adelantan en la cola de las entradas para luego entrar a la sala cinco minutos después de que empiece la película esconden un misterio que tan sólo la parte transparente y ojosmielosos de Prath ha logrado desentrañar: Las señoras de la filmoteca son surrealistas.
Para quien no lo sepa, el surrealismo fue un movimiento artístico (sobre todo pictórico y literario) perteneciente a las últimas vanguardias del siglo XX, con Dalí, Remedios Varo… Incluso Lorca. Y sobre todo artistas franceses (André Breton y su “Manifiesto surrealista”), puesto que precisamente surgió en el país galo a partir del dadaísmo. Pero no me voy a enrollar con esto, el caso es que los surrealistas plasmaban o describían imágenes a través de sus emociones, pasándose por el arco del triunfo si lo que estaban expresando tenía un verdadero sentido para los demás o para la simple lógica.
Los artistas surrealistas solían ir al cine de una manera muy peculiar… Al igual que las señoras, entraban al cine cinco minutos o diez tarde, veían una película cuyo contexto habían perdido en parte, salían al rato, volvían a entrar, y se largaban antes de que acabara para sentarse a sacar sus propias conclusiones y así armarse la parra del siglo (que era lo que más les gustaba).
Y es así como la parte vampírica de Prath sacó la conclusión de que las señoras de la filmoteca de Elche son surrealistas; entran cinco minutos antes después de casi echarte a bolsazos (con ladrillos en su interior, seguro) de la cola, tardan cinco minutos en sentarse en la sala y van haciendo viajecitos más que intencionados al baño… Donde Dalí sabe lo que harán, porque no salen hasta pasado un largo rato, para irse antes de que ésta acabe.
Y Prath está segura, segurísima, de que cuando salen se dirigen a la cafetería Mozart, en frente del Gran Teatro, se deleitan escuchando sus conclusiones las unas a las otras al ritmo que se beben un café vienés y debaten la posibilidad de que llueva, no sea que sin bolsas del Mercadona se queden con la permanente hecha un asco. 

1 comentario: